Turismo fluvial

        El Charente es un río que nace en la región de Limousine y que desemboca en el Océano Atlántico. Desde Angouleme, el Charente es tranquilo y navegable hasta el mar. En algunos lugares, se marchita en pequeños arroyos y deja ver islotes que son la huella de hermosos meandros. Los álamos, los fresnos y los sauces que bordean al agua son el reino de los pájaros. Jalonado por puentes de piedra y por esclusas, el río es un regalo para los marinos de agua dulce.

     Navegarlo es saborear los pequeños goces de la mañana y del atardecer : sentir la humedad llena de aromas, ver levantarse el pálido sol, poner a calentar el café… dejar vagar nuestros pensamientos y nuestros sueños. A lo largo del río, hay muelles que permiten detenerse con frecuencia para descubrir, a pie o en bici, un pueblo, una iglesia románica, un castillo o una granja vitícola...

    Y al llegar al puerto de L'Houmeau, punto de partida o de llegada de su paseo… no deje de levantar la vista.
Angoulême, que fue construida sobre un promontorio de caliza, posee una joya del arte románico: la catedral de Saint-Pierre. La capital del cómic esconde muchas más sorpresas: un centro nacional del cómic y diversas paredes ilustradas, testigos de la creatividad de los autores del noveno arte.


Con el correr del Charente

        En Trois-Palis, los golosos pueden visitar la chocolatería Letuffe, la de mayor prestigio de Charente. Una abadía en Bassac y entre ambos, la aldea de Saint-Simon: es casi indispensable hacer un alto en la casa de los gabarreros, que cuenta la historia de este antiguo puerto y de las gabarras, esos barcos pequeños de fondo chato.  

        Son ineludibles también las escalas en Jarnac y en Cognac, que abren las puertas de la región de Cognac. Allí, las aguas tienen vida: los viticultores de Charente destilan en dos etapas y el coñac es una alquimia. Para comprenderla, hay que entrar en las bodegas, seguir el recorrido de los aromas, descubrir ese “paraíso” en el que se añejan los aguardientes y… ¡degustar!

        La antigua ciudad de Cognac también es propicia para bonitas escapadas: la rue Saulnier que recuerda el antiguo puerto de la sal, la Grand rue con sus casas con entramados de madera… El castillo de los Valois donde nació Francisco I y los museos dedicados al coñac son otras tantas ocasiones para desembarcar.

         Para ir de viaje por el río Charente, no es necesario ser un perfecto timonel: los barcos habitables que se ofrecen para alquiler, por un fin de semana, una semana o más, son fáciles de maniobrar y se pueden pilotar sin necesidad de licencia. Se ofrece una clase de iniciación antes de partir y se le entrega al futuro capitán un mapa del río. ¡Todos a bordo!